«Gloria», la película de la Trevi, causa revuelo en su estreno en Morelia FICM

Para el crítico interesado en el cine como eso, como fenómeno puramente fílmico, una película como “Gloria” plantea un problema mayúsculo: quitar de encima el lodazal de escándalo y cascajo exterior al producto, un recuento investigativo del que quizá el escándalo mediático por antonomasia en la televisión mexicana. Por otra parte, quizá el embrollo no sea tanto eso como el hecho irrefutable de que la realización y el estreno de la propia cinta representan un capítulo más del trágico y espeso romance entre su protagonista y la arena pública.

¿Importa consignar esto en un espacio de crítica cinematográfica? No, porque aquí no se va a medir a la cinta con base en su revulsión mediática, aunque sí, porque evaluar el tremebundo y morboso material del que surge “Gloria” es fundamental para entender en qué medida se antepone a éste y lo domina. Hay que decirlo claro: la película de Christian Keller y Sabina Berman es cine comercial sólido, pulido, con oficio, bien dirigido, contenido y soberanamente entretenido. Lo demás importa poco.

Es cierto, está narrada en la clave más convencional para una película biográfica: en narraciones paralelas, el relato del aprisionamiento brasileño de la cantante se alterna con secuencias que muestran su ascenso a la fama y su escabrosa caída desde las alturas. Lo que toma por sorpresa a cualquiera es la eficiencia técnica, la seguridad narrativa y la soltura formal con las que cada escena está resulta, así como las varias maneras en las que Keller evita la tentación del amarillismo fácil, y casi siempre lo logra. Casi.

Hay, fuera de cualquier aplauso técnico, un punto que no puede obviarse: el retrato que “Gloria” traza no es tanto es de la cantante como el del entorno que la germinó, alimentó y finalmente lapidó: un hábitat dominado por Siempre en Domingo, las listas de popularidad, el Tigre Azcárraga Milmo, el ascenso de TV Azteca, el festival Viña del Mar y el equipo de investigación de la sección de espectáculos. Aunque por desgracia el guión nunca se decide a ser abiertamente crítico, el retrato que logra es lo suficientemente esperpéntico como para darle algunas punzadas a la memoria colectiva.

En el proyecto se juega la reputación Sabina Berman, pero la dramaturga y columnista de Proceso sale parada y bien librada, independientemente de las modificaciones que el guión haya sufrido por motivos legales o de cualquier otra índole. La mitad de la fortaleza de la cinta está en su guión, la otra, en las actuaciones irreprochables de Sofía Espinosa y Marco Pérez como Trevi y Andrade.

Es un acierto que el Festival Internacional de Cine de Morelia programe en su cuarta jornada el que seguramente es su estreno más atronador en términos de cobertura mediática. Es quitarse un peso de encima y dejar el aire libre para los pulmones de películas que lo ameritan y piden a gritos: “Güeros”, sin ir más lejos, que se estrena mañana. En la vertiginosa agenda que el cine comercial mexicano ha tenido en los últimos dos años, “Gloria” será un caso sociológico que habrá que seguir de cerca. Termino diciéndolo en palabras claras: la disfruté. Algunas secuencias emulan sin fisuras la energía que la Trevi catalizó en sus mejores momentos. Uno podrá mostrarse reacio a aquello que la cinta se propone, pero es imposible negar que lo logra.

CORRECAMARA | Por Sergio Huidobro